Me planteo muchas veces tener un apartado en el blog para viajes. En esta casa casi siempre hay una maleta por hacer o deshacer y a veces es lo que me mantiene cuerda.

Ojo, que vivir en el pueblo tiene muchas cosas buenas, sobre todo para los niños, pero es muy denso. Mucho.

Salir oxigena, eso lo sabemos todos, pero viajar con niños… es una montaña rusa:

Emociones nuevas / Nuevos peligros.
Sabores exóticos / Esto pica, no me gusta, no como.
Visita a la 8ª maravilla / Pues ahora voy y me duermo.

Y es que hay gente que sale de casa con todo organizado, pero en mi familia somos muy dados a abrazar el caos, por eso la historia de mis viajes, como ya dije aquí, podría reflejarse en la historia de mis cagadas. En fin, detósaprende.

Cuando voy en tren, el vagón-cafetería es mi refugio, pero el avión… ay, el avión… ahí nuestra mejor aliada es la sonrisa.

Pongo a los niños en primera fila del batallón y les digo que saluden y sonrían a todos, A TODOS, que sepan que venimos de buenas y en son de paz. Yo voy mirando las caras de situación de los que tienen a su lado el asiento vacío y están con el culo apretao hasta que ven a los niños pasar de largo. Suspiran aliviados. Busco la mirada cómplice y reconfortante de alguien que también viaje con niños y pido al universo que los suyos den más follón que los míos.
Dejo que se desfoguen un rato mientras pueda camuflar sus saltos y cabriolas en el barullo del embarque para que gasten un poco más de energía, aunque de todos es sabido que la batería de los niños se puede disparar aun estando bajo mínimos.
Después les aprieto el cinturón de seguridad a ras de piel y los amenazo con la mirada. A partir de ahí, entre comida, juegos, cuentos y alguna película, vamos haciendo el camino, pero no deja de ser una lucha contra la naturaleza del niño el mantenerlos sentados durante horas, así que, si alguna vez el ruido de mis hijos o los de otros os molestan en un avión, que sepáis que:

los padres nos sentimos responsables, no me desentiendo de ellos pero soy consciente de que no puedo controlarlo todo, todo el tiempo.
hace horas que salieron de casa, posiblemente hayan madrugado mucho, han hecho colas para facturar, para pasar los controles, para subir al avión, y a pesar de haber aprovechado los tiempos muertos para jugar activamente y que llegaran cansados a su asiento, a veces no funciona o tardan un poquito en dormirse.
es una experiencia para ellos, están emocionados, hay muchas caras nuevas, y, coñe, ¡que VAN A VOLAR! Yo todavía me emociono cuando despegamos.
no solo ellos están cerca de ti, tú estás muy cerca de ellos, por lo que pueden llegar a pensar que se encuentran en un ambiente de confianza, no te extrañe que te hablen como si te conocieran.
ponte en su lugar, son niños, ¿cómo eras tú? ¿qué estarías haciendo en su lugar? ¿a cuánto irían tus pulsaciones por minuto? Pues eso.

También podría amordazarlos y maniatarlos, pero prefiero que tengan un recuerdo bonito del viaje.

#STOPniñofobia

Por favor de los favores.

Esta viñeta pertenece al libro La madre que nos parió. Ed. Bridge.

 

 

 

4 Comments
  • miren

    si fuésemos tirando sanguijuelas o tarántulas peludas, no nos mirarían peor… eso sí, luego ellos a voces por el teléfono, o estornudando en modo aspersor… bss!

    17 mayo, 2017 at 12:34 pm Responder
  • Nueve meses y un día después

    Ay, lo vivo cada verano desde que nació El Santo. Y este año doble fiesta porque vamos con el bebé también y cogeremos cuatro vuelos. Madreee que miedo.
    Lo has descrito gebial, que casi se me cae la gotilla de la risa. Yo tengo varias entradas relativas a esto porque menuda experiencia la primera vez…

    18 mayo, 2017 at 8:14 am Responder
  • Nazareth

    Tengo un post en el blog que se llama exactamente así “niñofobia en los aviones”!! Aquí t elo dejo por si quieres echarle un ojo https://nadiemelodijoblog.wordpress.com/2017/05/29/ninofobia-en-los-aviones/

    Un saludo!

    3 junio, 2017 at 2:54 pm Responder
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