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“El odio es tierra infértil,
nada crece bien en él”

Es una semana difícil para escribir midiendo cada palabra que piensas, dudando que puedas ofender a unos o a otros, o a todos.
Aun así, todos nos hemos lanzado a las redes sociales a gritar a pleno pulmón “nuestra verdad” que, como todos sabemos, es la buena.
Miro a mis hijos, ajenos a todo, refugiados en su infancia y me pregunto: ¿de dónde sale tanto odio?
La neurociencia tienen una explicación física para ello, en el podcast  “El origen del odio” de Santiago Camacho, Días Extraños, habla de unos electrodos que localizan el odio en el mismo lugar del cerebro donde se manifiesta el amor romántico (auqnue aquí se desactivan las partes que se encargan del juicio crítico).

Pausa dramática.

Yo también lo asocio al miedo, la frustración, la impotencia, la ignorancia, la falta de recursos y de comunicación.

Con vuestro permiso, me lo llevo a mi terreno, y es que creo que mi trabajo tiene más que ver con la comunicación que con el arte.

Concepto etimológico de Comunicación
La palabra comunicación proviene del latín “comunis” que significa “común”. De allí que comunicar signifique transmitir ideas y pensamientos con el objetivo de ponerlos “en común” con otro. Esto supone la utilización de un código de comunicación compartido.

 

¿Qué estamos haciendo en las RRSS? ¿para qué las estamos utilizando?

Mi conclusión es que las usamos para reforzar nuestras creencias.

Tenemos uno de los medios de comunicación más importantes que han existido jamás, y lo hemos vuelto hermético.

Incrédibol, mari.

Creo que lo estamos haciendo mal todos.

Todo.

No nos estamos comunicando.

Todos estamos ofendidos.

Todos creemos tener la razón.

Nadie escucha.

¿Eso es lo que hemos aprendido y lo que estamos enseñando?
Que me quiten el papel de madre, que no estoy en condiciones de enseñar nada a nadie.

Mis hijos siguen ahí, jugando, a veces discuten, a veces pelean, vuelan zomblings por los aires, se dicen “no juego más contigo”, y eso duele mucho… pero no lo dicen en serio. Ven que no se soluciona nada y vuelven a jugar. Sus enfados no duran mucho.

Los niños no acumulan odio ni rencor.

Son así, entienden el mundo de otra forma, y me parece mucho más certera.
A veces me regalan frases.


Y vuelvo a tener fe.

*

6 Comments
  • Sarandonga

    Jo, no te había leído hasta ahora… No quería caer en esto y al final he caído yo también soltando mis opiniones como si de una verdad absoluta se tratase. Menos mal que los abrazos siguen disponibles en el Amazon de nuestros retoños 😘

    5 octubre, 2017 at 8:56 pm Responder
  • Mamá Pingüino

    Qué razón tienes! Yo soy de las que intenta no meterse en líos pero menudo panorama tenemos últimamente por las redes.
    Las ilustraciones preciosas, como siempre!

    6 octubre, 2017 at 9:12 am Responder
  • Mamacuchufleta

    Me ha gustado tu manera de explicarlo. Cierto, a veces se nos va de las manos cuando creemos tener la razón absoluta, pero de ahí a hablar y responder con odio… el respeto es lo principal, sea cual sea la opinión de cada uno. Besitos bonita!

    7 octubre, 2017 at 2:15 pm Responder
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